Subes unas escaleras, te agachas o te levantas de una silla y escuchas un crujido en la rodilla. El sonido puede parecer alarmante, especialmente cuando se repite en cada movimiento.
Sin embargo, una rodilla ruidosa no es necesariamente una rodilla dañada. Los chasquidos, clics y crujidos son frecuentes incluso entre personas que no sienten dolor. Una revisión sistemática publicada en 2025 estimó que la crepitación aparece aproximadamente en el 41 % de la población general y en cerca del 36 % de las personas sin dolor de rodilla, aunque los investigadores calificaron la certeza de estas estimaciones como baja o muy baja.
El ruido adquiere mayor importancia cuando aparece acompañado de dolor, inflamación, bloqueo, inestabilidad o una lesión reciente.
En este artículo conocerás por qué crujen las rodillas, cuándo deberías buscar atención médica y qué medidas pueden ayudarte a mantenerlas fuertes y funcionales.
¿Qué es la crepitación de rodilla?
La palabra crepitación o crepitus describe una sensación o un sonido de crujido, roce, chasquido o rechinamiento que aparece al mover una articulación.
Puede sentirse al:
- Flexionar o estirar la rodilla.
- Subir y bajar escaleras.
- Hacer sentadillas.
- Levantarse de una silla.
- Arrodillarse.
- Correr o caminar.
- Colocar la mano sobre la rótula mientras se mueve la pierna.
El ruido puede proceder de diferentes estructuras, como la articulación, los tendones, los ligamentos, la rótula, el cartílago o los tejidos situados alrededor de la rodilla.
Por sí solo, el sonido no permite determinar si existe una lesión. Para interpretarlo es necesario observar también el dolor, la inflamación, la estabilidad, el movimiento y el contexto en el que comenzó.
¿Es normal que crujan las rodillas?
En muchos casos, sí.
Las articulaciones pueden producir sonidos por movimientos normales de sus componentes. Entre las causas no preocupantes se encuentran las burbujas de gas dentro del líquido articular y el desplazamiento de tendones o ligamentos sobre otras estructuras. Los ruidos articulares sin dolor suelen ser comunes y no necesariamente indican una enfermedad.
Un crujido ocasional suele ser menos preocupante cuando:
- No causa dolor.
- No existe inflamación.
- La rodilla conserva todo su movimiento.
- Puedes caminar y apoyar el peso con normalidad.
- No sientes que la articulación falla.
- No comenzó después de una caída o giro brusco.
- No existe bloqueo.
La revisión de 2025 encontró que la crepitación también es frecuente en personas con osteoartritis y que puede asociarse con determinados cambios estructurales. Sin embargo, los autores advierten que la evidencia sobre esa asociación es de certeza baja o muy baja. Por tanto, escuchar crujidos no permite diagnosticar osteoartritis por sí solo.
Principales causas de las rodillas crujientes
Burbujas de gas en la articulación
Las articulaciones contienen líquido sinovial, que facilita el movimiento entre sus superficies.
Dentro de ese líquido existen gases disueltos. Cuando cambia la presión de la articulación, pueden formarse o desplazarse burbujas y producir un sonido parecido a un chasquido.
Este mecanismo es similar al que ocurre al hacer sonar los nudillos. Cuando no existe dolor ni otro síntoma, generalmente no es motivo de preocupación.
Tendones o ligamentos que se desplazan
Los tendones conectan músculos con huesos y los ligamentos ayudan a estabilizar las articulaciones.
Durante un movimiento, alguno de estos tejidos puede deslizarse sobre una prominencia ósea y producir un clic o pequeño salto. Esto puede ocurrir sin lesión, especialmente cuando el movimiento es repetitivo.
Cuando el chasquido se acompaña de dolor localizado, inflamación o sensación de roce persistente, conviene evaluar la causa.
Dolor patelofemoral
El dolor patelofemoral aparece alrededor o detrás de la rótula. Suele empeorar con actividades que aumentan la carga entre la rótula y el fémur, como sentadillas, escaleras, carrera o permanecer sentado con la rodilla flexionada durante mucho tiempo.
Las personas con este problema pueden notar:
- Dolor en la parte delantera de la rodilla.
- Crujidos o clics.
- Molestias al bajar escaleras.
- Dolor al ponerse de pie después de estar sentado.
- Sensibilidad alrededor de la rótula.
La presencia de crepitación es habitual en el dolor patelofemoral, pero el ruido no refleja necesariamente la gravedad del problema. El fortalecimiento progresivo de los músculos de la cadera y la rodilla forma parte de las estrategias recomendadas para mejorar el control y la tolerancia a las cargas.
Cambios relacionados con la osteoartritis
La osteoartritis de rodilla puede causar dolor, rigidez, inflamación y una sensación de crujido o roce durante el movimiento.
La crepitación es más frecuente entre las personas con osteoartritis, pero no todas las rodillas que crujen tienen esta enfermedad. La evaluación debe considerar síntomas como dolor persistente, rigidez, pérdida de función y dificultad para realizar actividades cotidianas.
Contrario a la idea de que una persona con osteoartritis debería evitar el movimiento, las guías clínicas consideran el ejercicio terapéutico un tratamiento fundamental. La actividad debe adaptarse a la capacidad, los síntomas y las preferencias de cada persona.
Lesión del menisco
Los meniscos son estructuras de cartílago resistente que ayudan a distribuir las cargas y actúan como amortiguadores entre el fémur y la tibia.
Una lesión puede ocurrir después de un giro brusco con el pie apoyado o aparecer gradualmente por cambios degenerativos. Además del clic, puede producir:
- Dolor.
- Inflamación.
- Bloqueo o sensación de que algo se atora.
- Inestabilidad.
- Dificultad para extender completamente la rodilla.
- Molestias al agacharse o levantarse.
Los ruidos acompañados de bloqueo, inflamación dolorosa o inestabilidad necesitan valoración profesional.
Lesiones de ligamentos
Una lesión del ligamento cruzado anterior u otros ligamentos puede producir un chasquido fuerte en el momento del accidente.
A menudo aparece después de:
- Un cambio rápido de dirección.
- Un aterrizaje inadecuado.
- Un golpe directo.
- Una caída.
- Un giro con el pie fijo.
El sonido puede acompañarse de inflamación rápida, dolor, inestabilidad o sensación de que la rodilla se vence. Estos síntomas justifican una evaluación médica pronta.
Síndrome de la banda iliotibial
La banda iliotibial es una estructura de tejido resistente que recorre la parte exterior del muslo.
Su irritación puede generar dolor y un chasquido en la parte externa de la rodilla, especialmente durante actividades repetitivas como correr o andar en bicicleta.
La solución no consiste necesariamente en dejar de moverse permanentemente. Puede ser necesario ajustar temporalmente el volumen, revisar la progresión del entrenamiento y fortalecer la musculatura implicada.
Síndrome de la plica
La plica es un pliegue de tejido situado dentro de la articulación.
Cuando se irrita puede provocar:
- Clics en la parte interna de la rodilla.
- Dolor o sensibilidad.
- Sensación de que algo se engancha.
- Inflamación leve.
- Molestias con movimientos repetidos.
Puede aparecer después de un golpe o por actividades repetitivas como correr y pedalear.
Cuerpos libres dentro de la articulación
En ocasiones, un pequeño fragmento de hueso o cartílago puede desplazarse dentro de la rodilla.
Puede no causar síntomas hasta que interfiere con el movimiento. En ese caso, la persona puede sentir un bloqueo doloroso o la imposibilidad de extender o flexionar completamente la articulación.
Ruidos después de una cirugía o prótesis
Después de una operación, algunas personas perciben ruidos diferentes a los que tenían antes.
En una prótesis de rodilla, por ejemplo, los componentes pueden producir un sonido al entrar en contacto durante el movimiento. El ruido puede aparecer sin dolor ni daño, pero cualquier cambio acompañado de inflamación, inestabilidad o pérdida de función debe revisarse con el equipo médico.
¿Cuándo debes preocuparte por el crujido?
El sonido aislado suele tener menos importancia que los síntomas que lo acompañan.
Solicita valoración médica si la rodilla cruje y también presenta:
- Dolor persistente o intenso.
- Inflamación marcada.
- Enrojecimiento o calor.
- Dificultad para caminar.
- Incapacidad para apoyar el peso.
- Bloqueo.
- Sensación de inestabilidad.
- Pérdida importante de movimiento.
- Deformidad visible.
- Síntomas que comenzaron después de una lesión.
- Empeoramiento progresivo.
Una rodilla que no puede flexionarse o extenderse, que falla al caminar o que presenta inflamación importante requiere atención clínica.
Busca atención urgente cuando exista
- Dolor intenso después de un traumatismo.
- Incapacidad para apoyar la pierna.
- Deformidad.
- Inflamación repentina y considerable.
- Un chasquido seguido de inestabilidad.
- Fiebre junto con dolor, calor, enrojecimiento e inflamación.
Estos signos pueden estar relacionados con una lesión importante o una infección y no deberían tratarse únicamente con ejercicios caseros.
¿Crujir las rodillas desgasta el cartílago?
No existe evidencia suficiente para afirmar que los sonidos habituales y sin dolor estén desgastando activamente la articulación.
Los ruidos pueden proceder de gases, tendones, ligamentos o cambios en la superficie articular. El hecho de que una rodilla suene no indica por sí mismo que el cartílago esté desapareciendo.
Tampoco es necesario intentar hacer sonar la rodilla repetidamente. Si necesitas manipularla con frecuencia para aliviar presión, o si al hacerlo aparece dolor, entumecimiento o inestabilidad, conviene consultar a un profesional.
Cómo proteger las rodillas
Mantente físicamente activo
Evitar completamente el movimiento por miedo al ruido puede reducir gradualmente la fuerza y la capacidad de la articulación.
La actividad física adaptada ayuda a mantener la función, la movilidad y la musculatura que estabiliza la rodilla. En casos de osteoartritis, las principales guías recomiendan ejercicio terapéutico como parte central del tratamiento.
Algunas actividades de bajo impacto son:
- Caminar.
- Bicicleta estática.
- Natación.
- Ejercicio acuático.
- Elíptica.
- Entrenamiento de fuerza controlado.
El bajo impacto no significa ausencia de esfuerzo. La actividad debe aumentar progresivamente según la tolerancia.
Fortalece los músculos que rodean la rodilla
Los cuádriceps, isquiotibiales, glúteos y pantorrillas ayudan a controlar la cadera, la rodilla y el tobillo durante el movimiento.
Una musculatura fuerte no vuelve invulnerable a la articulación, pero puede mejorar su estabilidad y capacidad para tolerar cargas. La debilidad muscular se reconoce como un factor que puede aumentar el riesgo de problemas de rodilla, mientras que el fortalecimiento forma parte de las intervenciones recomendadas para el dolor patelofemoral y la osteoartritis.
Puedes comenzar con ejercicios como:
- Sentarse y levantarse de una silla.
- Puentes de glúteos.
- Elevaciones de talones.
- Extensiones de rodilla sin carga.
- Subidas a un escalón bajo.
- Sentadillas dentro de un rango cómodo.
- Abducciones de cadera.
- Caminatas laterales con banda.
Las personas sin dolor también pueden utilizar mancuernas, máquinas o entrenamiento con pesas rusas para desarrollar fuerza, siempre que aprendan la técnica y progresen gradualmente.
Aumenta las cargas poco a poco
La rodilla necesita tiempo para adaptarse a los cambios.
Un aumento repentino del número de kilómetros, saltos, sentadillas o sesiones semanales puede superar temporalmente la capacidad de los tejidos.
Evita cambiar al mismo tiempo:
- La frecuencia.
- La duración.
- La intensidad.
- El peso utilizado.
- El tipo de superficie.
- El volumen de saltos.
- La velocidad de carrera.
Modifica una variable, observa la respuesta y continúa progresando si los síntomas se mantienen controlados.
Convertir el movimiento en una rutina constante suele ser más seguro y efectivo que alternar periodos de inactividad con entrenamientos extremos. Puedes ampliar esta estrategia en cómo convertir el entrenamiento en un hábito inquebrantable.
Calienta antes de una sesión exigente
Un calentamiento permite aumentar gradualmente la temperatura corporal y practicar los movimientos que utilizarás durante la sesión.
Puede incluir:
- Cinco o diez minutos de caminata o bicicleta suave.
- Movilidad controlada de cadera, rodilla y tobillo.
- Series del ejercicio principal con poca carga.
- Incrementos progresivos antes de utilizar el peso de trabajo.
No necesitas realizar estiramientos largos antes de cada sesión. El calentamiento debe prepararte para la actividad concreta sin fatigarte.
Revisa la técnica sin buscar una postura perfecta
No existe una única forma de moverse que sea correcta para todas las personas.
La anatomía, movilidad, experiencia y proporciones corporales influyen en la posición de una sentadilla, una zancada o una carrera.
Sin embargo, conviene controlar:
- La carga.
- La velocidad.
- La estabilidad.
- El rango de movimiento.
- La fatiga.
- La presencia de dolor.
Un profesional del ejercicio o fisioterapeuta puede ayudarte cuando no consigues encontrar una variante cómoda.
Ajusta el rango de movimiento
Una sentadilla profunda no es obligatoria para todas las personas, pero tampoco es automáticamente perjudicial.
Puedes reducir temporalmente la profundidad si existe dolor y aumentarla conforme mejore la tolerancia.
Algunas modificaciones son:
- Sentarte en una silla.
- Utilizar un cajón más alto.
- Acortar una zancada.
- Reducir la altura del escalón.
- Utilizar apoyo.
- Disminuir el peso.
- Ejecutar el movimiento más lentamente.
El objetivo es encontrar una dosis de ejercicio que pueda progresar sin empeorar claramente los síntomas.
Combina fuerza y cardio
El entrenamiento cardiovascular ayuda a mejorar la capacidad física general, mientras que las pesas mantienen y desarrollan la fuerza.
No necesitas elegir permanentemente entre ambos. Puedes combinarlos dentro de la semana y priorizar primero la modalidad más importante para tu objetivo.
En ¿Cardio o pesas? Qué hacer primero según tus objetivos encontrarás diferentes maneras de organizar las sesiones sin acumular fatiga innecesaria.
Mantén un peso saludable cuando sea relevante
El peso corporal es solamente uno de los factores que influyen en la salud de las rodillas.
En personas con osteoartritis y sobrepeso u obesidad, la reducción de peso puede ayudar a mejorar el dolor y la función. Las guías recomiendan ofrecer apoyo individualizado para controlar el peso, además del ejercicio terapéutico.
No se necesitan dietas extremas. Una pérdida gradual que conserve la fuerza y la masa muscular suele ser más sostenible.
Para organizar este proceso puedes consultar cómo mantener tu masa muscular mientras pierdes grasa.
Utiliza calzado adecuado para la actividad
El calzado debe resultar cómodo, estar en buenas condiciones y ser apropiado para el tipo de ejercicio.
No existe un modelo universal capaz de prevenir todos los dolores de rodilla. La comodidad, el ajuste y la adaptación progresiva importan más que buscar una tecnología específica.
Si un cambio de calzado coincide con dolor nuevo, reduce temporalmente la carga y comprueba si el problema mejora.
Respeta la recuperación
Los tejidos necesitan tiempo para adaptarse después de sesiones exigentes.
Para favorecer la recuperación:
- Alterna días intensos y ligeros.
- Duerme lo suficiente.
- Consume una alimentación equilibrada.
- Evita aumentar el volumen cuando todavía estás muy fatigado.
- Modifica la sesión si la técnica empeora.
- Mantén al menos algunos días de actividad suave.
El descanso absoluto prolongado rara vez es la única solución, pero tampoco es necesario entrenar con alta intensidad todos los días.
Rutina sencilla para fortalecer las rodillas

Esta rutina general puede realizarse dos o tres veces por semana si no existe una lesión aguda ni una contraindicación médica.
Calentamiento
- Caminata o bicicleta suave: 5 a 10 minutos.
- Flexiones y extensiones controladas de rodilla: 10 repeticiones.
- Sentadillas parciales sin peso: 8 repeticiones.
Sentarse y levantarse de una silla
- Siéntate cerca del borde.
- Coloca los pies firmes en el suelo.
- Inclina ligeramente el torso.
- Levántate sin impulsarte con las manos si puedes.
- Desciende lentamente.
Realiza entre 2 y 3 series de 8 a 12 repeticiones.
Puente de glúteos
- Acuéstate boca arriba.
- Flexiona las rodillas.
- Apoya los pies en el suelo.
- Eleva la cadera.
- Contrae los glúteos sin arquear excesivamente la espalda.
- Baja de forma controlada.
Realiza entre 2 y 3 series de 10 a 15 repeticiones.
Elevación de talones
- Colócate de pie junto a un apoyo.
- Eleva los talones.
- Mantén brevemente la posición.
- Baja lentamente.
Realiza entre 2 y 3 series de 10 a 15 repeticiones.
Subida a un escalón bajo
- Coloca un pie sobre un escalón estable.
- Empuja con la pierna adelantada.
- Sube manteniendo el control.
- Baja lentamente.
- Repite con el otro lado.
Realiza entre 2 y 3 series de 6 a 10 repeticiones por pierna.
Caminata lateral con banda
- Coloca una banda alrededor de las piernas.
- Flexiona ligeramente caderas y rodillas.
- Da pasos laterales cortos.
- Mantén la tensión de la banda.
- Evita balancear el torso.
Realiza entre 2 y 3 recorridos por cada dirección.
El ejercicio debe adaptarse. Detente y busca orientación si aparece dolor agudo, bloqueo, inestabilidad o inflamación marcada.
¿Qué hacer cuando la rodilla cruje durante una sentadilla?
Si escuchas un crujido, pero no existe dolor, inflamación ni inestabilidad, normalmente no necesitas interrumpir automáticamente el ejercicio.
Puedes probar los siguientes ajustes:
- Reducir temporalmente el peso.
- Cambiar la anchura de los pies.
- Utilizar una profundidad menor.
- Disminuir la velocidad.
- Calentar con más progresión.
- Probar una sentadilla a una silla.
- Cambiar a una prensa o variante más cómoda.
El sonido puede continuar aunque el ejercicio se realice correctamente. En el dolor patelofemoral, los ruidos pueden persistir incluso cuando mejoran la fuerza y los síntomas.
Si el crujido empezó después de una lesión o viene acompañado de dolor, conviene obtener una evaluación antes de seguir aumentando la carga.
¿Se puede correr con rodillas crujientes?
El ruido sin dolor no obliga necesariamente a dejar de correr.
Puedes continuar si:
- No hay dolor durante ni después.
- No aparece inflamación.
- La rodilla no se bloquea.
- No existe inestabilidad.
- La carga semanal aumenta gradualmente.
Cuando existe dolor, reduce temporalmente la distancia, la velocidad o la frecuencia. También puedes sustituir algunas sesiones por bicicleta, caminata o natación mientras fortaleces la pierna.
El dolor lateral acompañado de chasquidos puede relacionarse con irritación de la banda iliotibial, mientras que el dolor alrededor de la rótula es frecuente en el síndrome patelofemoral.
Alimentos y suplementos para las articulaciones
Ningún alimento puede eliminar por sí solo los crujidos de rodilla.
Una dieta equilibrada puede contribuir a mantener un peso saludable, aportar proteína para conservar la musculatura y cubrir las necesidades generales de nutrientes.
Prioriza:
- Frutas y verduras.
- Proteína suficiente.
- Legumbres.
- Pescado.
- Cereales integrales.
- Grasas saludables.
- Agua.
Los suplementos de colágeno, glucosamina, condroitina u otros productos para las articulaciones no deberían sustituir el ejercicio, el control de cargas ni una evaluación médica cuando existen síntomas importantes.
Antes de utilizar suplementos o medicamentos, consulta con un profesional si tienes enfermedades crónicas, tomas otros fármacos, estás embarazada o presentas dolor persistente.
Mitos sobre las rodillas crujientes
“Si crujen, están desgastadas”
No necesariamente.
Muchas personas sin dolor presentan crepitación. El diagnóstico no debe basarse únicamente en el sonido.
“Las sentadillas destruyen las rodillas”
Las sentadillas son un patrón cotidiano y pueden adaptarse a diferentes capacidades.
El riesgo depende de la carga, la progresión, la técnica, el historial de lesiones y la tolerancia individual, no simplemente del nombre del ejercicio.
“Hay que dejar de hacer ejercicio”
La inactividad prolongada puede reducir la fuerza y la función.
El ejercicio adaptado es una recomendación central para problemas frecuentes como el dolor patelofemoral y la osteoartritis.
“El cardio siempre es malo para las rodillas”
La tolerancia depende de la modalidad y la dosis.
Caminar, pedalear, nadar y otras actividades pueden formar parte de un programa saludable. Incluso la carrera puede mantenerse cuando no provoca síntomas y se aumenta gradualmente.
“Necesito una resonancia por cualquier crujido”
Las pruebas de imagen no siempre son necesarias para un ruido aislado.
Un profesional determina su utilidad considerando el dolor, la lesión, el bloqueo, la inestabilidad, la exploración física y la evolución de los síntomas.
Preguntas frecuentes sobre las rodillas crujientes
¿Por qué me crujen las rodillas siendo joven?
Los sonidos articulares también aparecen en jóvenes.
Pueden relacionarse con burbujas de gas, movimiento de tendones, actividad repetitiva, dolor patelofemoral o lesiones previas. La edad por sí sola no determina si el ruido es preocupante.
¿Por qué crujen al subir escaleras?
Las escaleras aumentan la carga entre la rótula y el fémur.
Cuando existe dolor alrededor de la rótula, puede tratarse de dolor patelofemoral. Si solamente hay ruido sin síntomas, puede ser una variación normal.
¿El crujido puede desaparecer con ejercicio?
Puede disminuir, permanecer igual o volverse menos perceptible.
El objetivo principal del ejercicio no es silenciar la articulación, sino mejorar fuerza, función y tolerancia. El ruido puede persistir aunque la rodilla esté más fuerte y ya no duela.
¿El frío hace que crujan más?
Algunas personas perciben mayor rigidez o sonidos con temperaturas bajas, pero el ruido por sí solo no permite identificar daño.
Un calentamiento progresivo puede hacer que el movimiento resulte más cómodo.
¿Necesito una rodillera?
No todas las personas necesitan una.
Puede ser útil en determinados diagnósticos o durante una etapa de rehabilitación, pero no sustituye el fortalecimiento y la progresión de cargas. La elección debería basarse en una evaluación individual.
¿Qué médico revisa los crujidos de rodilla?
Puedes comenzar con un médico general, de medicina del deporte, rehabilitación u ortopedia.
Un fisioterapeuta también puede evaluar la movilidad, fuerza, función y tolerancia al ejercicio, aunque los síntomas de alarma requieren primero valoración médica.
¿Cuánto tiempo esperar antes de consultar?
No esperes si hubo un traumatismo importante, deformidad, imposibilidad para apoyar, bloqueo, inflamación considerable o fiebre.
En molestias leves sin lesión, ajusta temporalmente la carga. Si el dolor persiste, empeora o limita tus actividades, solicita valoración.
Escucha los síntomas, no solamente el ruido
Las rodillas crujientes son frecuentes y, cuando no existe dolor, inflamación, bloqueo ni inestabilidad, suelen ser menos preocupantes de lo que parecen.
El sonido puede proceder de burbujas de gas, tendones, ligamentos o del movimiento de la rótula. También puede acompañar problemas como dolor patelofemoral, osteoartritis o una lesión, pero no permite diagnosticar ninguna condición por sí solo.
Para proteger las rodillas, mantente activo, fortalece progresivamente las piernas y caderas, controla los aumentos de carga y permite suficiente recuperación.
No necesitas perseguir unas rodillas completamente silenciosas. El objetivo es tener articulaciones que permitan caminar, entrenar y realizar tus actividades con fuerza, confianza y sin síntomas limitantes.
Cuando el crujido se acompaña de dolor intenso, inflamación, bloqueo, inestabilidad, fiebre o una lesión reciente, busca una evaluación profesional.